29 de noviembre de 2011

Sonidos que nos Estremecen


Existen algunos sonidos que por sus características nos estremecen como por ej. las uñas arañando un pizarrón o un tenedor con el plato. A veces, simplemente imaginando los sonidos o las acciones, pueden causar la misma analogía o reacción fisiológica. Algunos han investigado por que estos sonidos nos estremecen, irritan y hasta nos dan escalofríos. 

Ese es el caso de Michael Oehler (profesor en la Universidad de Medios y Comunicación de Colonia, Alemania) y Christoph Reuter (profesor en el Instituto de Musicología de la Universidad de Viena), y han encontrado razones fisiológicas y psicológicas.

El objetivo del estudio fue detectar las características de los sonidos responsables del desagradable fenómeno. 

Se quería saber si: 
1. Existe una correlación entre la percepción y la reacción fisiológica 
2. El conocimiento sobre el origen de los sonidos influye en los prejuicios de los sujetos y las reacciones fisiológicas de estos sonidos.

Se empezó el estudio con un test de escucha de los dos sonidos más desagradables escogidos entre varios sonidos potencialmente desagradables: rascar con las uñas en una pizarra y el chirrido de una tiza en una pizarra.

A continuación, las variaciones de los dos sonidos fueron producidos por la atenuación de diferentes rangos de frecuencia o la extracción de componentes tonales (partes armónicas) y el raspado en los componentes (piezas de ruido). A los sujetos se les pidió que calificaran el agrado o desagrado de los sonidos, mientras que se midieron diferentes parámetros fisiológicos, tales como frecuencia cardiaca, presión arterial y la respuesta galvánica de la piel. La mitad de los sujetos conocían el origen de los sonidos. La otra mitad se le dijo que iban a escuchar los sonidos tomados de piezas de música contemporánea.

El resultado más significativo fue descubrir que las zonas de los sonidos en el rango de frecuencias entre 2000 Hz y 4000 Hz son particularmente importantes para la percepción de incomodidad. Atenuar las frecuencias en este rango conduce a una sensación mucho más agradable de los sonidos.

Esto es notable porque entre alrededor de 2000 Hz y 4000 Hz, el oído humano es más sensible, y muchas otras características acústicas importantes de los sonidos del habla se pueden encontrar en esta banda de frecuencia (ver Figura 1). Una explicación de esta sensibilidad es la "ganancia de oído abierto", es decir, algunas frecuencias se amplifican debido a la anatomía del conducto auditivo externo. Otro efecto observado fue la influencia de la altura del sonido. Sonidos con la información de su altura eliminada, fueron calificadas como mucho más agradables, mientras que partes suprimidas de ruido no influyeron en las calificaciones.

Las medidas fisiológicas mostraron que la respuesta galvánica de la piel, en particular, está relacionada con los juicios de los sujetos (la conductancia de la piel varía con el nivel de humedad de la piel). Los sonidos que fueron calificados como más desagradable producieron una mayor diferencia en la respuesta de los sujetos antes y durante la presentación del sonido. Si los sujetos conocían el origen de los sonidos, los juicios tienden a ser más negativos, y la correlación entre la percepción y la respuesta galvánica de la piel era aún más fuerte. Por el contrario, si los sujetos pensaron que estaban oyendo las partes de una composición contemporánea, percibieron los sonidos como menos desagradables.

Basándose en estos hallazgos, se puede decir que las características acústicas de los sonidos desagradables relevantes se pueden encontrar en la información que conocemos antes de escuchar el sonido y en el rango de frecuencias entre 2000 Hz y 4000 Hz.


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